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¡MAMÁ, QUIERO UN MÓVIL! ¿Recuerdas tu primer teléfono?

¿Recuerdas tu primer móvil? Yo sí. Ya sé que cambio más de móvil que de bragas, pero no soy tan vieja como para no acordarme de aquel verano de 1999 en el que conocí al que desde entonces se convertiría en mi amigo más fiel e inseparable. 

El móvil, ese maravilloso compañero de viaje y fatiga. Es siempre el primero que me da las malas noticias y el primero que se entera de las buenas, aunque de las malas antes.

El móvil, me despierta por la mañana, cueste lo que cueste, porque mira que apago la alarma y vuelve a sonar el maldito Bisbal (lo que me recuerda cambiar ya el tono choni este por el que me dio).

Me ameniza la ducha con música, por mucho que le pese al vecino; me recuerda los compromisos importantes (y, a parte, los de trabajo) y esos cumpleaños que de otro modo nunca recordaría, entre móvil y Facebook, no hay dios que se libre de felicitar al prójimo.

El móvil me lleva a los todos los lugares que no se ir, salvando mi estupenda orientación…, me entretiene en los ratos libres y los muertos, que no digamos la espera en el médico, en el paro o en la RENFE, y contribuye a forjar mi fama de puntual, ya solo llego 30 minutos tarde…voy mejorando.

I-love-my-phone

Y estos días me andaba preguntando ¿Cuándo empecé a tener esta absoluta dependencia del móvil? ¡¡¡Si es que no lo suelto ni para ir al baño!!!

Todo empezó a los 14 años cuando de mi boca salieron las temidas palabritas que lo cambiarían todo… ¡Mamá quiero un móvil! ¡Mis amigas tienen uno! ¡Lo necesito! Como era de esperar, mi madre me mando a Alpedrete.

Tras meses de arduos esfuerzos: de dar el coñazo mañana, tarde y noche, echar miradas amenazadoras en los pasillos a mis padres, las duras huelgas de hambre (de verduras y lentejas claro, que una no se alimenta del aire) y de intentar ahorrar hasta el céntimo que sobraba del pan (vale, lo reconozco, había pesetas ¿contentos?), esta tarea se vio recompensada ¡Mi primer móvil!

Y digo móvil, porque de alguna forma había que llamar a ESTO

Sagem

Móvil marca Sagem. Especificaciones: llamar y sms. Vibración: de todos los botones si lo mueves. Batería: la de un frigorífico.

 

Si amigos, si. Mortadelo se lo revendió a mis padres por el Segundamano, eso o soy adoptada, que no hay otra explicación coherente. Que quieres pan, pues toma dos barras debió pensar mi madre, buenas risas se pegarían a mi costa.

Pero en fin, era un móvil y era mío. Eso sí, aprendí de donde salió el nombre de “funda-Calcetín”, al no haber funda donde cupiese este maravilloso artefacto, había realmente que llevarlo en un calcetín (pero no bajero, uno de los largos de deporte).

Este era uno de esos móviles de los que se dice “de antes”, burro grande ande o no ande. Que se caía, pues se rompía el baldosín, que no funcionaba, pues le aporreabas y listo. Y software de última generación, “easy use” que lo llamo yo. Que quiero llamar, botón verde. Que quiero colgar, pues botón rojo.

Dos añitos que aguantó como un titán, como buen Ladrillófono que decíamos, y no porque se haya roto, no, que ahí sigue sujetando la puerta, sino porque llegó la “Moda del móvil” para los de mi generación….

A la derecha del ring: con 133 gramos de peso, calculadora y cronómetro, y con su conocido gancho “Snake II”… ¡Nokia 3310!

¿Quieres Saber como continúa la historia? Espera que te cuento….

 

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